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Potencias y ficciones utópicas desde el residuo

Mariana Lagunes Ortiz

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¿Qué es lo real?, ¿Por qué o para qué pensar en el residuo? ¿desde dónde? Y ¿cómo escribirlo? A partir del Yo, pensé al final de mi seminario. 

La parte estética del arte siempre ha sido confusa, limitada, rebelde, revolucionaria, contradictoria, bella y desbordada (material e in-material).  Me gusta quedarme con la idea de un residuo, proveniente de una intuición propia, de algo que va más allá de un aparato crítico, parte de una idea que deriva de la imaginación intuitiva pero que esencialmente tiene componentes epistemológicos, sensibles y políticos. ¿Qué es una obra de arte en sí misma? ¿Las ideas siempre se materializan? Partí de la intuición, la hice mía.

Ficciones icono-textuales y utopías pedagógicas: los retos de contar (con) lo invisible y lo silenciado fue un seminario que me liberó. Me ha sacudido de una escritura obsoleta, de un pensamiento falaz y de herramientas pedagógicas caducas del mundo académico. El tipo de radicalidad no es vacía ni valemadrista, sino comprometida, política y sensible que abrió preguntas fundamentales, proyecciones sobre los alcances reales y las limitaciones de una investigación y escritura emergente. 

Si pongo la mirada en  Escribanas: cuento erótico ilustrado no narrativo. Los relatos del deseo de mujeres en prisión que Marisa, abrió proponiendo un nuevo entendimiento de la situación carcelaria a través de un acercamiento artístico—pedagógico, ha sido de gran aprendizaje para mí. A través de esta enunciación, comprendo que la articulación de argumentos siempre estuvo presente en el curso. Una valiente investigación, sobre el deseo  y el cuerpo de las mujeres carcelarias: Buscamos un cuerpo que conspira –entre paredes– en la construcción de una representación del deseo propio.— Marisa Belausteguigotia

Cada que re-leo palabras en las que noto la importancia de hablar de los cuerpos y de su sentir-pensar, me llenan el pecho de un suspiro esperanzador, saber que éstas son posibilidades reales. No sólo liberar de las rejas el deseo de estas mujeres, sino el mío y poniendo en realción a la escritura y modos de hacer académicos. Estas formas que limitan el pensamiento en nuestra cultura. Esto mismo encuentro en una escritura que es co-participe, activa y desde el yo, desde ‘lo personal’. Después de vivir con el miedo de no saber si lo que estoy haciendo esta bien, o es bueno o malo; si a alguien le va a interesar o va a cuestionarme, ¿Porqué estoy pensando lo que estoy pesando? Miedo a lo asertivo, miedo a errar. 

Otra idea de investigación poco convencional y valiente fue también mencionada por Rían, quien realizó un planteamiento desde muchos otros pero que sirve como modelo pedagógico. Generar distintas narrativas, precisamente desde el ‘residuo’ inserto en la propia historia. ¿Cómo reparar una historia colonial y hacer frente con narrativas decoloniales, en contra de los poderes dominantes y la memoria escrita? Preguntas que se enfrentan a paradigmas histórios y que conecta con Marisa, desde luego, a través del colectivo español queer O.R.G.I.A. y su encuentro con mujeres carcelarías en México. 

La urgencia de una metodología que sale del esquema tradicional académico, para enfrentarse con problemas desde un conocimiento situado como nos dice Donna Haraway en Seguir con el problema, lo veo en publicación de La Escuela__ donde participan, Mauricio Patrón y Ana Emilia Felker, que invitan a Existir de otra forma. Ir tejiendo desde un sitio específico con muchxs otrxs que, desde diversos ámbitos o disciplinas participan en un re-imaginar a la selva. Haraway diría ‘hacer parentescos raros’ para así, poder cambiar las narrativas que activan otros seres, otras agencias. Desde otras escuchas, desde otras sensibilidades y lenguajes.

Pensar en la re-escritura de la historia del arte, debatirla o criticarla nos construye y alimenta el pensamiento crítico-sensible. Pensar en lxs curpxs, siendo históricxs, momento donde la vida también pasa, la maternidad pasa, el Genocidio en Palestina pasa, la cultura de cancelación pasa. Todo nos atraviesa y nos duele. Y hablo del dolor, porque hay que entender que se escribe mientras hay un cuerpo sitniendo todo el tiempo, padeciendo, enfermando, envejeciendo y sobreviviendo en un clima con escenario devastador. 

Durante el ejercicio epistemológico de descubrir verdades, me preguntaba todo el tiempo, ¿Qué es lo real? Y me gustó como Maggie Nelson aterriza esto en Los Argonautas usando la noción de ‘sentirse real’ a través de un cuerpo sintiente. Desde esta misma sensación, escribe un cuerpo cuir, una ventaja que ocupa en su aparecer sensible, una política que se apodera del lenguaje; y un yo que reconoce al otro para Tratar de escapar de la naturaleza asertiva del lenguaje, como menciona ahí también, Roland Barthres. 

Enunciar desde el Autorretrato (Édouard Levé), desde el poder poner en palabras propias aquello que me conforma y no sentir vergüenza de lo que soy y de lo que pienso, pues no hay más. Aunque no me es natural esta valentía, ni tampoco extraña me llama, pues considero también como acto de resistencia. Debo aprender a lidiar con miedos angustiantes que detonan un bloqueo, ahora busco la catarsis, atravesar el momento de crisis, ser valiente. 

Finalmente, el residuo en mi investigación, lo entiendo como algo personal. Desde que llamó mi atención en forma de basura en un vertedero cercano a mi infancia y más tarde, reconocí formas parecidas que se expresan desde la precariedad en el arte conceptual hecho por mujeres. Ante la emergencia social en este mundo y la crisis de la representación en los discursos artísticos; la escritura debe ser un arma política para combatir, demandar y excavar entre los ‘restos’ lo que debe ser enunciando, nombrado y revalorado. Darle voz o potencia a lo que, por intuición, se cree que se tiene, aun cuando pensemos que este sea ‘poco’ valioso por estar fuera de la norma y de las convenciones de un poder hegemónico y dominante.

Mariana Lagunes Ortiz

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